Entrevista: a Juan Tarquino, sobre Piaf

Fotos tomadas de su Instagram @JuanTarquino.

Piaf y Juan se perdieron el uno al otro el 18 de noviembre de 2014. Desde esa misma noche, Juan, la pertenencia humana de Piaf, hizo hasta lo imposible por encontrarla: perdió su trabajo, ayudó a muchas familias a reencontrar a sus perros y le encontró hogar a muchos perros que se encontró en el camino. Para encontrarla adaptó su vida y su rutina a la necesidad de tenerse cerca otra vez.

La historia de Juan es un ejemplo para quienes buscan a sus perros y gatos, sí, pero más importante que eso es un ejemplo de amor y perseverancia. Un ejemplo, sobre todo, de fuerza, la fuerza del amor que lo mantuvo buscando cada uno de los días que estuvo sin ella.

Primero lo primero: Cuéntanos cómo está Piaf, ¿cómo la has sentido?

Piaf está bien, mucho más tranquila. Duerme un montón y ya está comiendo. El primer día comió un caldito de pollo que yo siempre le hacía. Fuimos al veterinario, tiene luxación con posible fractura en el codo derecho. Le sacamos la placa y esta semana tenemos cita con el traumatólogo para ver si hay que operar y mirar qué tratamiento hacer. Yo estoy dispuesto a hacer lo que sea con tal de que esté muy bien.

¿Sientes que algo cambió en ella durante este tiempo?

Piaf siempre ha sido una perra juguetona en exceso, le encantan los otros perros y gatos y siempre quiere jugar con ellos. La veo muy triste en este momento y creo que es por lo que le pasó en la pata, porque le quitó mucha movilidad. Ahora mismo tengo a dos perros más en casa, uno de ellos cachorro y le ha gruñido cuando se pone juguetón, lo que me sorprendió mucho. De resto está bien, está muy amorosa, duerme todo el tiempo y eso me encanta porque me gusta verla descansar y me da tiempo a mí para aprovechar para hacer otras cosas.

¿Cómo ha cambiado su manera de ser desde el martes del reencuentro hasta ahora? ¿Has sentido alguna mejora en su comportamiento?

El reconocimiento del espacio ha sido un proceso. Piaf se fue y estábamos en una casa diferente a la que estamos ahora y creo que está un shock todavía, pero su manera de ser ha avanzado. Uno tiene en la cabeza un reencuentro totalmente distinto al que yo tuve, al menos en primera instancia. Ella me reconoció a mí al principio pero yo a ella no, dudé mucho después de tantas perras que vi. En ese momento le vi los ojos más claros, hasta que le vi la hernia y sentí que podía ser la mía perfectamente.

Está muy cariñosa, me reconoce totalmente y a mis amigos también, aunque al primer momento de contacto con ellos se asusta un poco ante la emoción humana.

¿Cómo llegaste a la vida de Piaf?

Yo estaba generando cierto tipo de cambios en mi vida, a raíz de que cumplí 30 años y decidí irme del país. Me dio por tener un perro, que era algo que siempre había querido pero mi mamá no me había dejado y por tiempo no había podido. Tenía un nuevo trabajo que me daba más posibilidades de tiempo y empecé a buscar. Una señora me habló de dos perritas negras que habían sido encontradas por la fundación Aurora Animal, a la cabeza de Ana María Hernández. Luego de un proceso logré adoptar a Piaf y a Chong, su hermana. Por temas de salud de Piaf, Chong pasó a ser cuidad por un tiempo por mi mejor amigo que al final se quedó con ella.

¿Siempre estuviste decidido a llevarla contigo para allá? ¿Por qué?

Desde que empecé a hacer mis cambios y adopté a Piaf sabiendo que me iría del país, yo ya sabía que Piaf iba a ir conmigo. Yo pienso que un perro es una responsabilidad y además es la responsabilidad más bonita en la que yo me he metido en mi vida. Otros dirían que es un problema pero para mí es una responsabilidad. Es el «problema» más lindo en el que me he metido.

¿Qué pasó con Piaf? Cuéntanos cómo y cuándo se separaron.

Nos separamos el 18 de noviembre a la madrugada después de ir a la tienda. Faltando un metro para ingresar a nuestro domicilio ladra un perro gran danés hermoso con el que siempre jugaba y ella sale a correr. La tiro hacia mí, la regaño, ella vuelve a tirar, la vuelvo a agarrar de su collar con medalla, se zafa de todo y rompemos todo entre los dos. Ella se devuelve, viene un auto, escucho que la toca y ella sale corriendo desesperadamente. Yo me boto a la calle, pensé que se habría hecho daño aunque no la escuché quejarse. Levanto la mirada y a unos 50 metros la veo cruzar la calle, me voy corriendo detrás de ella y ahí nos separamos. Esa noche, cuando caí en cuenta de que la había perdido, le hice la promesa de que la encontraría.

Sabemos que tu vida cambió (en fondo, sin dudarlo) pero también en forma gracias a su separación. Cuéntanos de qué manera.

Además de que ella se encuentra con un espacio distinto, con unos perros distintos, se encuentra con un Juan distinto. (Se le corta la voz) Un poco más emotivo, de pronto. Yo siempre he sido una pelota, no sé, no soy el más sensible pero sí entiendo muchas cosas de mi vida ahora. Me descubro como una persona totalmente distinta aunque siempre di mi vida por Piaf. Creo que la energía existe, creo en la ley de atracción, creo en el universo, pero sobretodo gracias a esto creo mucho más en mí. Yo le pedí a la vida en algún escrito, yo soy dramaturgo de teatro, y alguna vez escribí que necesitaba un cambio, que quería vivir cosas que no había vivido, sufrir, conocer diferentes experiencias. Me emociono porque sé la calidad que tengo como trabajador, pero no había entendido muchas cosas personales, laborales y creativas. Yo vine aquí buscando activar mi mundo creativo como director de teatro y ahora miro atrás y digo «Wow, lo que hice fue usar mi creatividad, sin proponérmelo, para encontrar a mi perra».

Aún me siento en shock, me despierto por las noches, la agarro y lloro. Agarro a Marcel y no imaginan la felicidad que me da estar viendo una película en la cama, mirarlos y pensar que de verdad está pasando. Soy muy feliz cuando caigo en cuenta de eso.

¿Qué hiciste para encontrar a Piaf?

Hice de todo para encontrarla, desde lo más básico hasta lo imposible, que no sé si me lo inventé, pero sí se me ocurrió. Desde pegar carteles, convocar pedaleadas por Piaf, hicimos cuadrillas en las que nos dividíamos por calles para buscar por todos Buenos Aires. Repartimos papeles por debajo de las puertas y el evento que seguía era una caravana por Piaf. 

¿Qué de todo fue lo más «loco» que hiciste por ella?

(Se ríe y piensa). No sé, para mí, de pronto por mi profesión y porque estoy entrenado para hacer el ridículo, yo me iba por los barrios con un megáfono caminando. La gente me miraba, no sé si como loco o sorprendidos. Dicen que lo que yo hice no lo ha hecho nadie en la historia del proteccionismo, pero a mí no me parece que yo haya hecho algo extraño, porque es mi perra y así hago yo las cosas. Estoy acostumbrado a ser un poco exagerado. Creo que todo y el hecho de convocar a más de 25 mil personas. O mejor, lo más loco que hice por ella fue no enloquecer y convertir el dolor en acción.

¿Quién te acompañó en tu búsqueda?

Muuuchas personas, muchísimas, pero cercanamente me han acompañado entre 5 y 10 mujeres divididas entre las que me ayudaban a manejar la página. Mónica, la persona en cuyo auto íbamos en el video, me llevaba a todas las alertas. Gente con donaciones, donaciones de dinero y donaciones de carteles. Creo que el 90% de la gente que sigue la página me ha ayudado en un montón de cosas, desde compartir hasta ir a una veterinaria a poner un cartel que ellos mismos imprimieron.

¿Sentiste en algún momento que perdías las fuerzas?

Nunca. Me sentí deprimido la semana antes de encontrarla, Me sentí muy deprimido porque veía que aparecían otros perritos, y me alegraba un montón, pero pensaba en que aparecían con un solo cartel o a los tres días de su desaparición y yo todo lo que había hecho y Piaf no llegaba. Ahora no sé si me sentí deprimido o dejé que empezara a fluir. Hacía mucho no iba a pegar un cartel. Siempre tuve la esperanza y siempre supe que iba encontrarme con Piaf. No sabía cómo, cuándo ni dónde pero sabía que me la iba a encontrar. Yo creo que cuando dos corazones o dos almas están destinadas para estar juntas, se logra. Lo que pasa es que yo quería que fuera menos tiempo el de nuestra separación, pero bueno, eso no lo manejo yo.

¿Cómo crees que esta experiencia te cambió?

Me cambió totalmente. Yo soy un tipo que está en evolución ahora y no en involución. Un tipo un poco más cercano a los animales, más lejos del simple «tengo un perro». Me descubro un tipo mucho más maduro, más solidario y más tolerante, sobre todo.

¿Crees que tus sentimientos por Piaf cambiaron de alguna manera durante el tiempo que estuvieron separados?

Evolucionaron mucho, crecieron un montón.

¿Qué cosas buenas pudiste sacar de la búsqueda de Piaf?

Marcel es «la cosa» principal que tengo y que agradezco infinitamente. Si él entendiera todo lo que yo le agradezco el hecho de no haber caído. Nunca perdí mis fuerzas porque lo tenía a él. Tenía que darle su comida, tenía que levantarme a pasearlo, tenía que curarlo de sus operaciones. El hecho de ver cómo evoluciona un perro agresivo, sin ningún tratamiento sino con la cura del amor, como dicen muchos. Mi miedo siempre fue que él atacara a Piaf cuando apareciera, así que lo entrené para prepararlo para su encuentro.

Muchos amigos, darme cuenta de que la gente que no sufre de indiferencia sí existe y eso para los colombianos es muy fuerte porque somos muy indiferentes como país.

En los casos de pérdida que conociste, ¿cuáles son los motivos más comunes que causan la pérdida de perros y gatos?

Infortunadamente el hecho de que no estén identificados o que sean paseados sin correa. Aquí en Buenos Aires es supercomún ver a la gente caminando con su perro suelto y está bien, pero no sabes cómo el perro va a reaccionar ante un estímulo que no conoce o que conoce y le genere mucha curiosidad. Nadie está exento de esto, yo tenía las medidas de precaución necesarias y me pasó. También hay mucho robo de perros y abandono, pero creo que lo peor es no tener buena identificación.

¿Qué le dirías a las personas que están separadas de su amor animal en este momento y lo están buscando?

Fe. Mucha fe. No hay que parar nunca sino hasta cuando aparezca. Se puede. Yo que, conocía solo cuatro personas aquí en Buenos Aires, no conocía la ciudad y siendo extranjero lo logré y la encontré, cualquiera puede hacerlo. No hay que parar porque el perro siempre va a estar esperándonos. Siempre. Hay que buscar al perro como si fueran ellos los que nos buscaran y nosotros fuéramos los que no tenemos voz.

Les aconsejaría que no escribieran pidiendo ayuda desde la desesperación. Seguramente hay que dejar fluir el dolor, pero… ¿por qué no mejor motivamos a la gente a que nos ayude, a que sientan curiosidad por nosotros?. Yo nunca lo planeé, es mi manera de escribir, pero ahora veo las páginas de perritos extraviados y creo que la forma en que se hace motiva a los animalistas, pero no tanto a los que no tienen animales.

Por aquí hablamos con nuestros perros aún cuando no estamos con ellos. Miramos fotos y les decimos cosas. ¿Lo hacías tú también cuando no estaban juntos?

Sí. Por las noches le pedía a Piaf que si estaba en la calle buscar un refugio, algo calentito. Si llovía me desesperaba, entonces le mandaba imágenes de un techo, un lugar cerrado. Que pidiera ayuda, que moviera la cola. Le decía que la amaba, que la amaba con todo mi ser y que le iba a cumplir la promesa que le hice la noche en que nos separamos. Le decía que me tuviera paciencia, que la amaba. Que me esperara y trataba de mandarle mucha tranquilidad. (Interrumpe su conversación para hablarle, porque se da cuenta de que se despertó).

Y… ¿qué le has dicho estos días a solas después de que se reencontraron?

La consiento mucho, dejo que coma lo mejor que pueda, que duerma. Hay un lazo muy grande entre ella y yo, a lo mejor todos los que tenemos un perro sentimos lo mismo.

Imaginamos que hay muchas personas que consideran que estás loco por hacer lo que hiciste por encontrar a Piaf. Muchos nos consideran locos a los que amamos así a un animal, ¿qué le dirías a las personas que piensan así?

Para mí, las personas que consideran eso están faltas de afecto. Si bien nadie tiene la necesidad de tener un perro o un gato en casa, es simplemente la sensibilidad del ser humano lo que permite sentir «aprecio» por los animales. A lo que voy es a que la sensibilidad se desarrolla a través de las experiencias vividas. Si esas personas estuvieran cada vez más expuestas a los abrazos o al afecto de alguien, seguramente gozarían del placer de acompañarse por un perro o un gato.

Ahora, ¿qué es la locura? ¿Dejar de ver TV por acariciar a mi perro?  ¡QUÉ MARAVILLA DE LOCURA!

Cuando consultamos con nuestro equipo qué te preguntarían, una de nuestras mimadoras dijo: «¡Que si tiene novia!». Nos reímos mucho con eso y, como sabemos que tu sensibilidad es un atractivo tan grande para las personas que nos leen, te lo tenemos que preguntar: ¿estás recibiendo hojas de vida?

(Se ríe mucho) No, no tengo novia, ¿recibiendo hojas de vida? No sé, (se vuelve a reír), vamos a ver qué pasa.

En nombre de todos los que amamos a los animales agradecemos a Juan por lo que hizo por Piaf porque, sin saberlo, lo hizo también por todos los animales del mundo. Por luchar por ella, por encontrarla y por demostrarnos que no estamos solos en este sentimiento, que ellos se merecen todo lo que hacemos y mucho más. Por inspirarnos a todos con su historia demostrándonos que es posible evolucionar para llegar a ser los humanos que deberíamos y que personas como él nos llenan de ánimo y fuerza para seguir trabajando en hacerlo posible.

Por si no lo han visto, les dejamos aquí el video del conmovedor reencuentro entre Piaf y Juan: